• 9 de febrero de 2023

La cumbre busca un consenso para salvar la biodiversidad

Dic 18, 2022

Proteger el 30% del planeta y aumentar la ayuda internacional al cuidado de la naturaleza, propone el proyecto de acuerdo presentado este domingo por China en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica -COP 15- en Montreal. El texto que se someterá a votación el lunes busca garantizar acciones urgentes para salvar la biodiversidad mundial. Los países deben aprobar al cierre de la COP15 la hoja de ruta para la próxima década, en pos de frenar la pérdida acelerada de especies y la degradación de ecosistemas.

El objetivo de cuidar el 30% de la tierra y los mares para el 2030 -«objetivo 30×30»- anunciado como la clave de estas negociaciones, está incluido en la propuesta de China que preside la cumbre. En un intento por resolver el espinoso tema financiero, China también propone destinar al menos 30 mil millones de dólares en ayuda internacional anual para estos temas en 2030.

Reclamo de los países en desarrollo

Con Brasil a la cabeza, los países en desarrollo reclaman que las naciones del norte, a las que acusan de haberse enriquecido a costa de sus recursos, comprometan 100 mil millones de dólares al año, lo que representa diez veces la ayuda actual para la biodiversidad. Después de nuevas rondas de intensas negociaciones, la ministra de Ambiente de Colombia, Susana Muhamad, se mostró optimista sobre los objetivos acordados, pero afirmó que entre los fondos esperados por los países en desarrollo y los ricos, probablemente haya que llegar a un acuerdo intermedio. 

Colombia, entre los países más megadiversos del mundo, insistió en una reestructuración del sistema multilateral de financiamiento para incorporar el canje de deuda por servicios ambientales, una propuesta que acompañan varios países latinoamericanos pero que no está en el texto preliminar. «Es una fuente de financiación que también podría sería justicia climática y ambiental», aseguró Muhamad.

Braulio Dias, el jefe negociador del equipo de transición de Luiz Inacio Lula da Silva, reclamó un «mejor acuerdo de movilización de recursos» hacia los países en desarrollo. Su llamado fue secundado por República Democrática del Congo, que calificó la propuesta de «inaceptable».

El comisario europeo de medio ambiente, Virginijus Sinkevicius, se mostró más cauteloso, estimando que las cifras de financiación que se discuten podrían hacer difícil el consenso. Pero «si tenemos otros países comprometiéndose a cumplir esos objetivos, como China, creo que puede ser realista», afirmó Sinkevicius a periodistas, e instó a las naciones árabes a hacer su parte.

Voces dispares en torno al «30×30»

Los expertos aseguran que el llamado objetivo «30×30» es el equivalente para la naturaleza, a la meta histórica de reducción en 1,5 °C del calentamiento global que se hizo en el Acuerdo de París. El proyecto menciona el resguardo de los pueblos indígenas, guardianes del 80% de la biodiversidad de la Tierra, una demanda reclamada por representantes de estas comunidades en la cumbre. Para Brian O’Donnell, director de la ONG Campaign for Nature, 30% como objetivo es «el mayor compromiso de la historia con la conservación de los océanos y la tierra».

La ONG Avaaz, en cambio, considera que un 30% «no es suficientemente ambicioso». Esa cifra ya se cumplió «de hecho» por la labor «no reconocida» de los pueblos indígenas y las comunidades locales, remarcó la ONG en un comunicado, en el que llamó a apostar por un 50%. La organización también dijo que el dinero necesario para preservar la naturaleza, que estima en un mínimo de 700 mil millones de dólares al año, está muy lejos de la propuesta debatida en la COP15.

Los científicos advierten que el tiempo apremia: el 75% de los ecosistemas están alterados por la actividad humana y más de un millón de especies están en peligro de extinción. Este marco de acuerdos debería suceder al plan de diez años firmado en Japón en 2010, que no logró casi ninguno de sus objetivos, un fracaso atribuido a la falta de mecanismos de seguimiento, algo que prevé el proyecto de acuerdo.

Los detalles de la veintena de objetivos siguen en debate aún y es probable que las negociaciones se extiendan más allá del plazo de este lunes, cuando debería presentarse un documento final.

La voz del movimiento indígena

Más de un centenar de representantes de los pueblos originarios tratan de hacer oír sus voces en la COP15, donde temen quedar excluidos de las decisiones y de sus tierras. «Queremos un marco, pero que sea respetuoso de nuestros derechos», resumió Viviana Figueroa de la comunidad indígena de Ocumazo, en la ciudad jujeña de Humahuaca, y miembro del Foro Internacional de los Pueblos Indígenas sobre Biodiversidad. «No queremos que nuestras tierras y territorios sean parte de las áreas protegidas o las otras áreas de conservación», reclamó Figueroa. La activista hace referencia al objetivo que propone poner bajo protección el 30% de las tierras y mares del planeta, uno de los más de veinte que se negocian con miras a frenar el deterioro de los ecosistemas y la extinción de un millón de especies.  

Para Viviana Figueroa, la propuesta 30×30 obligaría a marcharse de sus tierras a cientos de comunidades nativas, muchas de las cuales ya han estado sometidas a desplazamientos forzados debido a la agroindustria, la minería y otras actividades productivas. Por eso reclaman «titular las tierras indígenas» u otro mecanismo que los convierta a ellos en «socios» de la implementación del acuerdo que se apruebe en la COP-15.

En una carta divulgada el sábado en la cumbre, decenas de organizaciones ambientalistas e indígenas exhortaron a los ministros negociadores a desistir de un objetivo colonial. «Concéntrense en metas que aborden las causas profundas de la pérdida de biodiversidad y no en un solo objetivo de conservación colonial», reclama la misiva firmada por organizaciones de Brasil, Argentina, Costa Rica, Colombia y de la Amazonia en su conjunto, además de muchos de países africanos y asiáticos.

«Equilibrio ecológico»

Distintas acciones de protesta ocurrieron en la última la semana, afuera y dentro del Palacio de Congresos -sede de la cumbre- para presionar por el reconocimiento del rol de los indígenas como guardianes del 80% de la biodiversidad del planeta. «Somos nosotros los que hacemos el trabajo. Protegemos la biodiversidad», dijo Valentin Engobo, líder de la comunidad de Lokolama en la cuenca del Congo, al tiempo que aportó: «No nos reemplazarán. No los dejaremos».

Prohibir la presencia humana en zonas donde se asientan sus comunidades expondría aún más esos territorios a la degradación, al romperse «el equilibrio ecológico» en el que viven, dijo la embajadora de Colombia ante Naciones Unidas, la pobladora originaria arhuaca Leonor Zalabata. La diplomática y activista consideró indispensable que los Estados ofrezcan «garantías» a los indígenas de su permanencia en sus territorios y de «autogobierno».

«Nuestros conocimientos ancestrales tienen mucho que decir sobre cómo es la manera de producir y de hacer un desarrollo sostenible», añadió Zalabata. El director de derechos y comunidades de la ONG Wildlife Conservation Society, Sushil Raj, llamó en Montreal a no repetir los errores que llevaron al fracaso de los objetivos de la pasada conferencia, realizada en Japón, donde las contribuciones de los pueblos indígenas quedaron «invisibles».