• 26 de septiembre de 2022

Hebe de Bonafini, la historia de un símbolo y una lucha

Sep 23, 2022

“Somos las únicas madres paridas por nuestros propios hijos”, dijo una vez, allá por 1983, para explicar a las Madres de Plaza de Mayo. No era un juego de palabras: era su propia experiencia, la forma en que Kika se convirtió en Hebe de Bonafini. La madre de Jorge y Raúl, secuestrados y desaparecidos en febrero y diciembre de 1977, sale a la calle, recorre comisarías y cuarteles, pone el cuerpo en la Plaza y pronto se transforma en un emblema de la lucha por los derechos humanos en el mundo. Ella encarna “una suerte de rebelión plebeya que no admite disciplinamiento alguno”, plantea Ulises Gorini, el autor de Los caminos de la vida, una “biografía fotográfica” de la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo publicada por la Editorial Octubre, que se podrá comprar este domingo con el diario Página/12.

Mujer de pueblo

“La gente quedó muy impactada con el libro y se sorprendieron de mi vida: la historia de una mujer de pueblo, muy humilde, que no tuvo la posibilidad de estudiar y que vio a todos los presidentes del mundo”, resume Hebe el impacto que generó la aparición de Los caminos de la vida, título de una canción de Omar Geles, versionada por Vicentico, con la que siempre se sintió identificada. Ahora, en una edición más económica (1900 pesos), sabe que el libro circulará más entre jóvenes, estudiantes y trabajadores. El despliegue visual asombra; hay fotos de la infancia de Kika en el barrio El Dique, con su abuela Catita, el papá Paco, la mamá Pepa. Hay fotos de Toto, el amor de su vida, y de sus dos hijos (Jorge y Raúl) y de su hija Alejandra. Le gusta el título de esta biografía que escribió Gorini porque “los caminos de la vida no son los que yo esperaba”, aclara Hebe. ¿Qué esperaba Kika? “Lo que yo esperaba era lo que me iba pasando. Siempre fui trabajadora, trabajé desde muy chiquita, me puse de novia y me casé muy enamorada. Nos hicimos una casillita de chapa y madera en el fondo de la casa de mi mamá; daba al río y venía un viento que ni te cuento. Nos casamos cuando mi marido ganaba 66 pesos (trabajaba en Vialidad) y después consiguió trabajo en la destilería y ahí pasó a ganar 198. ¡Oh, éramos millonarios! Y empezamos a pensar en hacernos otra casa, una casa de material adelante de la casa de mi mamá, un departamentito para no pasar tanto frío”, repasa Hebe.

En la sede de la Asociación de las Madres, en el barrio de Congreso, está muy feliz por la visita de una escuela. Los chicos le entregaron pañuelos blancos con distintas consignas y le escribieron un poema que la emocionó hasta las lágrimas. “El libro fue un destapar mi vida, un ponerla en fotos y en texto”, subraya y se detiene en la foto con su abuela materna Catita. Hebe tiene cinco meses; la abuela 36 años “y parece que es una vieja”, observa su nieta. “Un día mi abuela viene y me dice: ‘¿Me acompañás? Se me escapó una gallina y está poniendo los huevos en otro lado. La tenemos que traer al gallinero’. Mi abuela encontró a la gallina, sacó los huevos y se los puso todos en el delantal. La gallina se quedó cacareando y mi abuela se llevó los huevos; después volvimos a buscar a la gallina, que estaba como loca porque le habían sacado los huevos, y me dijo: ‘Ahora, para que no se escape, hay que cortarle un ala. Cuando no querés que se escape alguien, hay que cortarle el ala para que se quede adentro’. Eso que me estaba explicando tenía muchas interpretaciones y yo me daba cuenta. Para mí todo eso era un aprendizaje. No me olvido de nada. En la casa de mi abuela se hacía el jabón con potasa y grasa; con ese jabón te lavabas la cara, el cuerpo, la cabeza, los platos, todo. Para mí estar con mi abuela era como tener un libro de cuentos siempre abierto. Yo aprendí que nada se tira y que todo sirve y la naturaleza te da un montón de cosas. Yo aprendí eso de muy chiquita”, asegura Hebe con la ternura del recuerdo a flor de piel.

Disputa simbólica

Gorini, autor también del libro La rebelión de las madres, cuenta que Hebe ha estado siempre –desde que se convierte en Hebe de Bonafini y deja de ser (aunque no totalmente) aquella Kika de El Dique donde nació hace 93 años– “en el centro de una disputa simbólica fenomenal”. “Ella emerge en resistencia a la dictadura y allí se acuñarán valores, significados que se pondrán en juego en toda la etapa dictatorial hasta nuestros días. Esos valores resultan fundacionales de una nueva identidad política, profundamente transformadora, incluso revolucionaria. Esos valores resultaron tan potentes que no fue fácil para las derechas (aunque no solo para las derechas) destruirlos. Entonces los ataques a Hebe vendrán desde diversos ángulos, cuando puedan, tratando de descalificar esos sentidos, y cuando no puedan, intentando demostrar que ella los traicionó o los dejó de lado. Por eso, el trabajo biográfico debía, desde mi punto de vista poner de relieve aquellos valores que Hebe representa, sin dejarse desviar por las falsas perspectivas que impone una coyuntura polémica acotada por la grieta, pero, a la vez, sin desconocer esas perspectivas”, explica el biógrafo, que conoció a Hebe pocos meses después de la Guerra de Malvinas a raíz de un reportaje que le hizo como periodista.

El biógrafo revela que hubo algo que si bien no era desconocido acerca de Hebe él no había comprendido en toda su dimensión: “La enorme capacidad de recrearse, de renacer”. “Casi todos los relatos de las Madres refieren a un segundo nacimiento a partir de la lucha por la búsqueda de sus hijos –precisa Gorini–. Hebe misma enunció ese fenómeno de una nueva vida cuando acuñó esa frase extraordinaria de que ellas son las únicas madres paridas por sus propios hijos. La dictadura intentó aniquilar no solo a los hijos sino a ella misma; física y espiritualmente. Lo increíble es cómo una mujer que había concebido su vida en torno a la familia y los hijos, la casa y el barrio, puede recrearse a sí misma cuando le arrebatan todo eso. Y Hebe volvió a nacer después de eso y, muchas veces más. En este último trabajo creo que tomé verdadera conciencia de esa capacidad de renacimiento; su extraordinaria vitalidad y potencia”.

Rebelión plebeya

Hebe advierte que la biografía no es solo un libro sobre su vida y prefiere definirlo como “histórico” porque tiene que ver con la historia de las Madres. “Lo que más le llama la atención a la gente es que una mujer de pueblo, sin ninguna preparación, sin haber ido a la secundaria ni a la universidad, haga los discursos que hago, sin escribirlos nunca en la vida. Yo aprendí a decir la verdad; lo que siento en las tripas lo digo”, subraya y lo ilustra con una anécdota donde la gran protagonista es la clase social, gran ausente en los debates públicos. “Cuando empezó la lucha de clases dentro de las Madres, las Fundadoras me decían: ‘no hablés que no sos didáctica’. Cuando ellas perdieron las elecciones y se fueron, dijeron que se fueron porque yo las eché. No, se fueron porque perdieron las elecciones. Ya había una lucha de clases muy grande. Me decían: ¿vas a ir así a la embajada? Y sí… yo no voy a ir a la peluquería para ir a la embajada; para mí es un acto político y me voy a poner el pañuelo. Eso siempre era un problema porque todas iban a la peluquería, se arreglaban; venía la gente del exterior y las invitaban a ir al Sheraton y al (teatro) Colón. Un día, una me dice: ¿qué ropa usás para ir al Colón? No usé nada porque nunca fui al Colón. Era medio absurdo ir al Sheraton o al Colón cuando andábamos intentando subsistir. Algunas Madres eran exportadoras de rulemanes, tenían empresas, o los maridos eran embajadores. O sea que tenían otro pasar”, compara Hebe.

¿Cuáles son los aportes de Hebe en la discusión pública? Gorini destaca “el desenmascaramiento del discurso sobre la democracia desvinculado de las condiciones sociales”; pero el principal aspecto de su papel en el debate político e ideológico, para su biógrafo, es el de un revulsivo político. “Cada vez que ella habló (y todavía sigue hablando), su palabra agita, conmueve, provoca. Pero no es una provocación banal como la de los provocadores mediáticos y faranduleros, tampoco, y esto quizás es lo más interesante, no es la supuesta provocación de lo políticamente incorrecto que en realidad nunca saca los pies del plato ni mucho menos del sistema. Es una provocación que desenmascara, que revela, que pone en evidencia hipocresías y dobles discursos como el de la democracia con millones de pobres. Por supuesto que tiene aciertos y desaciertos. El peor error que podría cometer en una biografía es optar por la idolatría o la defenestración del biografiado. Hay que verla a Hebe en toda su complejidad –argumenta Gorini–. Ella encarna una rebelión plebeya que no busca ser prolija, que no tuvo ni tiene tiempo de serlo. Porque si alguna vez, cuando todavía era Kika, aceptó los mandatos de la sociedad patriarcal y clasista, y se amoldó y hasta calló, ya Hebe no acepta mandatos ni mucho menos callarse. Y habló y habla como pudo, como aprendió y desaprendió. Y para bien o para mal, Hebe nos conmueve, nos revoluciona”.